Por Valeria Massimino
Fotos Fer Casals y Valeria Massimino

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Hospedada, primero en el distrito de Brooklyn y luego en Queens, -paradojicamente en Corona Park, una de las zonas más golpeadas por el Coronavirus con 31 mil casos- pude ver como progresivamente la ciudad se fue replegando, las calles a vaciarse y la gente a preocuparse a medida que los infectados se sumaban (al escribir esta crónica ya son 236 mil y de ellos casi 18 mil fallecidos). Es marzo de 2020, Nueva York y el mundo cambiaron sus hábitos.

Varada en la ciudad, en un contexto apocalíptico digno de una historia de Stephen King. Mis metas cambiaron, todo lo que planifiqué durante meses cambió abruptamente su curso. La pandemia comenzó a azotar fuertemente a la ciudad. Y de repente me encontré allí, en el epicentro. 

Junto a otros miles de argentinos varados por el mundo, repentinamente me vi en una situación ajena, extraña, sin saber qué hacer, qué pensar y qué creer.

Las calles de Nueva York estaban desiertas como nunca las vi, los negocios, cerrados. Los supermercados repletos de gente, como las farmacias. El americano promedio pensando que finalmente había llegado el fin de los tiempos, se llevaban víveres para varios meses, estilo bunker. Pude ver en primera persona a una sociedad que reacciona como en las películas.

El subte, libre de turistas, solo algunos trabajadores, en su mayoría latinos, aquellos que realizan tareas imprescindibles por el minimum wage (sueldo más bajo) y luego del personal médico los más expuestos a contagiarse, mientras la Norteamérica blanca disfruta de la comodidad del home office.

Mi paranoia y miedo se fueron incrementando a medida que pasaban los días. Miedo a tocar todo, paranoia por una tos o estornudo cercano, mientras la TV me alimenta con la idea del «enemigo invisible». Los caños del metro, ¿me toqué sin darme cuenta la cara? ¿debo comprar guantes y barbijos? (14 dolares la caja de 100 guantes y 6 dólares por 3 barbijos). La ciudad más poderosa del mundo se había vuelto vulnerable. Así se habrá sentido estar por aquí los días posteriores al 11 de septiembre de 2001. La ciudad más cosmopolita cayó victima de un virus que no discrimina. Si lo logras acá lo podes lograr en cualquier lado dice la frase, este año hay que sumarle un nuevo obstáculo a la búsqueda de una vida mejor de millones de personas que llegan aquí todos los años con un puñado de sueños.

Salgo a la calle, camino por boroughs (barrios) que lucen desconocidos sin la energía de la gente, ya no hay tantas luces que encandilan. Documento con mí cámara la extrañeza de la situación, escribo sensaciones y sigo caminando, llego a Times Square (ver VIDEO) y me siento Tom Cruise en «Vanilla Sky», desierta, algunos turistas esparcidos, policías, cercas y los artistas callejeros latinos disfrazados de personajes de ficción que convierten la escena en algo aún más bizarro.

Algunos despreocupados, otros en total pánico, sigo caminando, mi objetivo es llegar al Oculus (ver VIDEO) mi recorrido es una mezcla de sorpresa y decepción, disfruto de la ciudad «para mí», a la vez siento que no estoy en la verdadera Nueva York. Compro un té en un deli, me invitan a salir apenas adquirido, no quieren a nadie dentro del negocio por más tiempo que el necesario. Sigo, el app de mi teléfono me señala que caminé 18 kilómetros. Debo volver a casa, una vez más en subte, la TV me advirtió que es un foco de contagio. Trato de no pensar en eso. No lo logro.

Los parques más pequeños cierran, en Central Park arman hospitales de campaña, una imagen incomprensible ¿En que clase de película clase B me encuentro?. Hace unos días paseaba por Washington Square Park (mi favorito) era un día hermoso y la gente todavía se animaba a salir, hoy una nube gris cubre la ciudad. Leo las noticias de Argentina y son igual de apocalípticas que las de aquí. ¿Podré volver a mi país? El encierro es mal compañero, hace elucubrar por demás.

Hablo con vecinos con varías décadas en Nueva York, me dicen que desde la Gran Depresión la ciudad no había vivido algo así. Ya no se que creer, me sumerjo en las teorías conspirativas de internet y salgo más confundida, leo a los medios «serios» y la confusión se transforma en desesperación.

El Presidente de ellos (Sí, Donald Trump) de quien estoy leyendo su libro «Nunca tires la toalla», cambia su discurso, antes despreocupado, ahora sobreactua medidas, nuestro Presidente cierra las fronteras y Argentina busca bajar la curva mientras aquí no para de subir. El gobernador del Estado (Cuomo) se pelea públicamente con el Intendente (De Blasio) la grieta es global.

Un nuevo día en Queens, sigo saliendo pese a las recomendaciones en contra, el dueño de la casa donde me alojo, -Bernando, español con más de viente años en Nueva York- se muestra tranquilo, pese a estar por su edad en el grupo de riesgo, días después me cuenta que contrajo el virus, desde ese momento no volví a verlo en persona, solo hablo por telefono con él. Siento al virus cercano, si Bernando lo contrajo ¿qué tan lejos está de mí? Entonces pienso en la solidaridad en estos tiempos. Siempre me dijeron que en Nueva York la gente no es solidaria o amable, he vivido en este y en todos mis viajes lo contrario.

Visito el Consulado de Argentina, en la calle 56 Oeste, apenas a media cuadra de la Quinta Avenida y a una de la tienda Apple, apropiado para Argentina, ¿no?. Me recibe una larga fila para ser atendida. Hablo con otros argentinos en la misma situación que la mía, la incertidumbre nos embarga, los dólares escasean y las tarjetas de crédito explotan. Este no es un viaje de turismo, es un viaje especial para mí, con una beca de estudio cancelada. En las próximas horas el Consulado cerrará sus puertas y seguirá asistiendo a los argentinos varados de manera online. Naturalmente no somos la prioridad, la prioridad son nuestras familias y amigos allá, como debe ser.

Paso nuevamente por un supermercado, repleto de gente, nadie respeta la «distancia social», compran de todo, algunas estanterías se vacían ¿de donde proviene la obsesión que tienen con el papel higiénico?

Sorpresivamente me surge la oportunidad de un vuelo a Buenos Aires, tal vez sea el último en mucho tiempo. Mediante una serie de escalas que incluyen una donde deberé dormir en un aeropuerto podré llegar a mi país. Lo aprovecho, dejo Nueva York con un sentimiento agridulce, en el taxi hacia el aeropuerto repaso en fragmentos lo que viví, el contexto histórico de un hecho que me encontró en el epicentro de una pandemia. Buenos Aires está a unas horas de distancia, nuevos desafíos me esperan allí. Nueva York ¿con que me sorprenderás la próxima?


*English version

hosted, first in the district of Brooklyn, then in Queens, -paradoxically in Corona Park, one of the areas hardest hit by the Coronavirus with 31,000 cases- I could see how the city progressively was withdrawing, the streets were emptying and people worry as the infected grow (as of this writing there are 236,000 and almost 18,000 of them are dead). It is March 2020, New York and the world changed their habits.

Stranded in the city, in an apocalyptic context worthy of a Stephen King story. My goals changed, everything I have planned for months abruptly changed its course. The pandemic began to hit the city hard. And suddenly I found myself there, at the epicenter.

Along with thousands of other Argentines stranded around the world, I suddenly found myself in a strange, very strange situation, not knowing what to do, what to think and what to believe.

The streets of New York were deserted as I never saw them, the businesses closed. Crowded supermarkets, pharmacies. The average American thinking that the end of time had finally come, they took food for several months, bunker style. I could see in the first person a society that reacts like in the movies.

The tourist-free subway, only some workers, mostly Latinos, those who perform essential tasks for the minimum wage along with the medical staff most exposed to contagion, while white North America enjoys the comfort of home office.

My paranoia and fear increased as the days passed. Fear of touching everything, paranoia due to a close cough or sneeze, while the TV feeds me with the idea of ​​the «invisible enemy.» The pipes of the subway, did I inadvertently touch my face? Should i buy gloves and masks? (14 dollars the box of 100 gloves and 6 dollars for 3 masks). The most powerful city in the world had become vulnerable. This is how it will have felt to be around the days after September 11, 2001. The most cosmopolitan city fell victim to a virus that does not discriminate. If you can do it here you can do it anywhere, the phrase says, this year we must add a new obstacle to the search for a better life for millions of people who come here every year with a handful of dreams.

I go out into the street, I walk through boroughs that look strange without the energy of the people, I document with my camera the strangeness of the situation, I write feelings and I keep walking, I arrive in Times Square (see VIDEO) and I feel Tom Cruise in «Vanilla Sky», deserted, some scattered tourists, police, fences and Latino street artists dressed as fictional characters that make the scene even more bizarre. Some carefree others in total panic, I keep walking, my goal is to get to the Oculus (watch VIDEO) my walk is a mixture of surprise and disappointment, I enjoy the city «for myself» at the same time I feel that I am not in the real New York . I buy a tea in a deli, they invite me to leave, they don’t want anyone in the business for longer than necessary. I continue, the app on my phone tells me that I walked 18 kilometers. I must go home, once again on the subway, TV warned me that it is a source of contagion. I try not to think about it. I fail.

The smallest parks close, in Central Park they set up field hospitals, an incomprehensible image, What kind of B-class film am I in? A few days ago I was walking in Washington Square Park (my favorite) it was a beautiful day and people still dared to go out, today a gray cloud covers the city. I read the news from Argentina and they are just as apocalyptic as the ones here. Will I be able to return to my country? The isolation is a bad companion, it makes you wonder about things.

I speak to neighbors with several decades in New York, they tell me that since the Great Depression the city had not experienced something like this. I don’t know what to believe anymore, I dive into the conspiracy theories of the internet and I get more confused, I read the «serious» media and the confusion turns into despair.

Their President (Yes, Donald Trump) I am reading his book «Never give up», changes his speech, before carefree, now he overreacts measures, our President closes the borders and Argentina seeks to go down the curve while here it does not stop going up. The Governor of the State (Cuomo) publicly fights with the Mayor (De Blasio) the rift is global.

A new day in Queens, I still go out despite the recommendations to the contrary, the owner of the house where I stay, -Bernando, Spanish with more than twenty years in New York- is calm, despite being for his age in the group of risk, days later he tells me that he contracted the virus, from that moment I did not see him in person, I only speak to him on the phone. I feel the virus nearby, if Bernando contracted it, how far is it from me? So I think of solidarity in these times. They always told me that in New York people are not supportive or kind I have lived in this and in all my trips quite the opposite.

I visit the Argentine Consulate, at 56 West Street, just half a block from Fifth Avenue and one from the Apple store, appropriate for Argentina, right? I receive a long line to be attended. I speak with other Argentines in the same situation as mine, uncertainty overwhelms us, dollars are scarce and credit cards explode. This is a special trip for me, with a scholarship cancelled. In the next few hours, the Consulate will close its doors and continue to assist the stranded Argentines online. Naturally we are not the priority, the priority is our families and friends there, as it should be.

I pass by a supermarket a lot of people, nobody respects the «social distance», they buy everything, some shelves are emptied. Where does the obsession with toilet paper come from?

Surprisingly, the opportunity to fly to Buenos Aires appears, perhaps the last in a long time. Through a series of stops that include one where I will have to sleep in an airport, I will be able to reach my country. I take advantage of it, I leave New York with a bittersweet feeling, in the taxi to the airport I review in fragments what I lived, the historical context of an event that found me at the epicenter of a pandemic. Buenos Aires is a few hours away, new challenges await me there. New York, what will you surprise me next?


5 Comentarios

  1. Lo acabo de leer y me gustó la descripción y el relato de la situación qué estamos pasando en New York .. muy elocuente .
    Espero qué en Argentina y en todo el mundo encontremos la manera de salir de esto todos juntos.
    Gracias ..atte: Marcelo.

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