MAX & IGGOR CAVALERA en El Teatro de Flores


Crónica de Ernesto Gerez
Fotografías de Gustavo Jaimez


Una bandera con el dibujo que el artista Michael Whelan hizo para la tapa de Arise metamorfoseado con el cover art de Beneath the Remains e intervenido con la vieja tipografía de Sepultura en la que podía leerse “Cavalera”, vestía el escenario del Teatro de Flores y decoraba un marco perfecto para la reformulación en vivo de aquellos discos, dos álbumes fundamentales del thrash metal de los últimos 30 años.

El público gritaba por Sepultura y Max Cavalera respondía orgulloso: “el verdadero Sepultura”. Porque aunque en el escenario no estuvieron ni Andreas Kisser ni Paulo Jr. (guitarrista y bajista de Sepultura respectivamente, no desde el inicio pero sí desde la etapa previa a su época de oro) la sensación de la mayoría fue la de ver nuevamente a aquella banda que nos robaron por problemas internos a fines de 1996.

Algunos de los presentes, ahora haciendo headbanging con más panza y largos pelos canosos, seguramente fueron parte de la noche de Sepultura en la Federación de Box cuando presentó Beneath the Remains o de las veladas en Halley durante la gira mundial de Arise. Y es en la nostalgia donde el show de los hermanos Cavalera se fortalece. Poder subirse al Delorean y escuchar en vivo temas que tienen casi 30 años.

La noche lluviosa de Buenos Aires mutó en pandemonio ya con los primeros acordes de Beneath the Remains. El sonido del Teatro siempre estuvo fuerte pero, por momentos, algo difuso, sobre todo en los primeros temas, donde no se podían distinguir del todo los riffs de Marc Rizzo (también guitarrista de Soulfy) ni los bombos veloces de Igor.

A la apertura le siguió Inner Self, tema que tiene tal vez una de las letras más conocidas por los viejos fanáticos y que marcó las caminatas adolescentes de varios; “walking these dirty streets, with hate in my mind”, entonó Max y la lista siguió con cuatro temas del tercer disco de Sepultura hasta desembocar en Arise, álbum leyenda de la música pesada de la década del 90, en el que la antigua banda de Max le sumó a los aspectos thrash y death ciertos ritmos con algo más de groove (mutación que alcanzaría su pico máximo dos años más tarde con Chaos A.D.).

Otro de los hits de la noche nostálgica fueron Dead Embryonic Cells y su glorioso puente, y el infaltable cover de Motorhead, Orgasmatron. A Max se lo vio contento, arengando, metido en un chaleco explotado de tachas, con una ancha rasta que le caía por la espalda, y con varios kilos más que en sus viejas visitas de los 90. Su voz ya no tiene la precisión podrida de su juventud pero todavía puede explotar. A Igor se lo sintió preciso y veloz, dos aspectos fundamentales para reversionar la etapa 89-91 de su vieja banda. Cerca del cierre del show los hermanos tocaron un particular cover: I Believe in Miracles de Los Ramones; tal vez para dejar la puerta abierta a una posible reunión total de Sepultura; por el momento, los dos fundamentales ya se juntaron.


Autor entrada: Revista Meta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.