Entrevista: Valeria Massimino

Helen Zout es una fotógrafa con una mirada y un compromiso inclaudicable, su historia es testimonio. Perseguida por la dictadura militar que acechó nuestro país (1976-1982) Helen se quedó sin voz, literalmente, por un tiempo. A través de su fotografía le dió voz a los desaparecidos. La fotografía que siempre funciona como retrato incorruptible de un momento, la ayudó a expresar el dolor que vivió, el sufrimiento que muchas veces no puede explicarse con palabras. Sobrevivir para no olvidar ni perdonar en busca de memoria, verdad y justicia.

Durante seis años trabajó con sobrevivientes de los centros clandestinos de detención, familiares de desaparecidos y recorrió todos los lugares donde la dictadura dejó su huella de horror.

Contanos tu historia, cómo y cuando comienzas con la fotografía y cómo terminas en trabajos tan profundos sobre las problemáticas sociales de Argentina.

Mis trabajos atraviesan problemáticas sociales, políticas y culturales, que se desataron a fines del siglo 20 y principios del siglo 21. Mi primer trabajo en si fue en un hospital psiquiátrico. Tenia que ver con algo personal, familiar, y me adentré en ese mundo. Solía acudir a los hospitales por pedido de una profesional.

Luego hice un relevamiento sobre grupos Inmigrantes indígenas en la provincia de Misiones. Y otro sobre Niños con SIDA. Trece años trabajé con niñxs y con sus familias, fue muy duro ver cómo sufrían los chicos.

Fotografiás problemáticas sociales de una manera única, viendo lo que no todos ven. Contanos sobre tu trabajo “Huellas de Desapariciones durante la última Dictadura Militar en Argentina”

Empecé a hacer fotografía durante la dictadura cuando estábamos escondidos en un departamentos en Buenos Aires, recuerdo que fue el último lugar donde pudimos escondernos. También en un pueblo en la Provincia de Entre Ríos, y en la casa de un compañero en la ciudad de Mar del Plata.

El trabajo sobre los Desaparecidos lo empecé después de 20 años de haber estado perseguida personalmente, y luego de estar escondida y de haber sufrido todo lo que significa eso: muerte de gente que conocía y quería mucho y que no conocía también. Personas que formaba parte de mi generación, que luchaban por lo mismo por lo que yo luché y aun hoy lucho; la felicidad, la justicia social, la inclusión, la igualdad de oportunidades. Nuestra generación luchó por eso y aun se sigue luchando. Seguimos adelante con mucha gente.

Durante la dictadura fuimos perseguidos, quedé muy enferma de salud, y volví a La Plata, allí tuve que hacer reposo absoluto, tuve úlceras en el colon, no tenia expectativa de seguir viviendo.

Empecé a dedicarme a la fotografía, porque escondidos en Buenos Aires hacíamos cursos nocturnos, uno de ellos fue fotografía. Y noté algo importante en mi, que podía captar hechos en la realidad que me conmovían, y poder expresarlos sin hacerlo con la voz. Siempre tuve un tema con la voz, porque cuando me buscaron los militares me quedé muda. Mi parte sensible pasa por ahí, lo visual en cambio lo podía expresar.

Con el trabajo sobre los Desparecidos, siento que plasmé esa necesidad de dejar la memoria de toda esas personas que habían luchado, y recordar el motivo de su lucha. Luego de 20 años de silencio, cuando estuve en condiciones de hablar, fui a los juicios por la verdad, y le propuse a mis compañeros que contaran su testimonio, y empecé a trabajar con ellos en sus casas, en mi estudio. También hice una investigación sobre los centros clandestinos de detención, algunos fueron en comisarías y siguen siéndolo aun hoy en la actualidad.

Trabajé en Río de la Plata, como último destino de los desaparecidos que fueron arrojados al río. Trabajé sobre archivos de inteligencia de esa época y retratando sobrevivientes, padres, madres, e hijos de desaparecidos.

Me pregunto cómo se fotografía el dolor…

Seis años me llevó ese trabajo, no era solo hacer un clic, fue un trabajo muy profundo, investigando, muy intenso; no era solo observadora externa, sino que viví todo eso, fui protagonista. Fue muy duro para mi. Hice todo en silencio, no le conté a nadie, tenía temor que pasara algo y no lo pudiera terminar. Incluso yendo a algunos lugares no me saludaban, porque les contaba lo que hacia, fueron momentos tensos. Me dejaban pasar solo porque tenía un permiso.

Recuerdo cuando estuve en el pozo de Banfield (centro de tortura), sentí algo muy fuerte, entré sola. He ido con la compañera militante por la memoria, verdad y justicia, Nilda Eloy y Cristina Gioglio, a los centros clandestinos. Con Cristina incluso fui a hacer un reconocimiento al pozo de Arana. Todo muy fuerte, muy conmovedor.

Tu foto de Julio López se ha convertido en una imagen icónica…

La foto de López es icónica por lo que pasó con él, pero todos los retratos que están en el libro puede ser icónicos. La historia de él fue más significativa por todo lo que pasó después. Me veo reflejada en su sufrimiento, en su cerrar los ojos. En ese momento él miraba su paisaje interior, es enfocar hacia adentro y recordar.

Yo me miro los ojos y veo que hago un esfuerzo para enfocar, me desfiguro, pienso que cuando uno mira hacia adentro y cierra los ojos hay algo muy profundo, eso pasa en la foto de López. Yo también hago ese gesto, toda la gente que padeció algo así, tan fuerte, tiene un gesto parecido.

La vida de Julio López es icónica, él tenia en claro lo que iba a hacer, más en claro que nadie. Todos pensábamos que era un poco exagerado, pero no, él tenia razón. Hace poco vi su documental otra vez, Todxs Somos López (Marcos Tabarrozzi, Nicolás Alessandro, 2017) Es como un prócer nuestro, es tan emocionante.

¿Ves que los medios ya no publican una serie/reportaje fotográfico como lo hacían antes?

Hay una degradación de la buena fotografía, en un momento veíamos las fotos de Pagina/12 y La Nación, eran excelentes, ahora le dan menos importancia, bajó la calidad muchísimo. Antes abrías el diario y veías como había trabajado el o la fotógrafa. Es un registro, pero no siempre es buena calidad lo que se ve.

¿En fotografía la técnica lo es todo?

Hay que conocerla sí o sí, no se puede colgar una foto mal copiada o enmarcada, no lo soporto en mi caso, y eso que hablamos de formalidades. Degrada la lectura de la imagen, todo lo que altere la lectura de la imagen atenta contra lo expresivo. Vos te mataste sacando una foto en un lugar peligroso, conmovedor, donde se jugaron muchas cosas íntimas, y el fotografiado, en cierto modo expresó lo mejor de si, y vos la colgás mal colgada, o mal expuesta, mal montada, va en desmedro, la técnica tiene que ser perfecta, hay que tender al diez.

¿En tiempos de tecnología en constante desarrollo, donde creés que queda el papel del fotógrafo/a profesional?

Todo lo que se hace ahora digitalmente, que se fotografía constantemente con un celular, está dentro de cada uno. Ahora la tecnología es más sencilla. Podes vivir con un celular sacando fotos a tus nietos, y analizar hasta donde entra el registro en tu vida, es una decisión. Hasta donde es vivir la vida, y que lugar se le da al registro.

Otra cosa es la necesidad expresiva, lo mas difícil es mantener la convicción de que este trabajo tenía sentido. Yo lo hacia sola, nadie lo sabía, solo mi familia, y uno ve lo difícil que es para sostener algo así, gastando mi dinero, mi latas de películas, mi vida fue muy compleja. Tener que sostener a mi familia, y a veces no tienes dinero, solo tenía para el rollo y reveladores. La ampliación la hacia cuando podía comprar papel. Y cuando me presenté en el Museo Guggenheim gané con el trabajo de los desaparecidos y recién ahí me pude comprar una cámara Leica, y pude trabajar de noche con esa cámara maravillosa.

A propósito de cámaras ¿Qué cámara recomienda usar?

La que tengas en principio, si se puede la de mejor calidad. Hay que tener en claro lo que uno quiera. Si la imagen es potente, auténtica de lo que quiere decir una persona , uno no repara mucho en la cámara.

La cámara sería ideal la de mejor calidad posible. La que tiene mayor fidelidad. Yo me preguntaba constantemente si lo que hacia tenia sentido, porque era eso o comprar la comida. Siempre supe que tenía que seguir adelante, cuando estaba en la morgue con esos cuerpos, se siente mucho respeto. Tienen toda la memoria y el sufrimiento de nuestro pueblo… es mucho dolor.

Ahora cuando voy a hacer tomas, llevo una digital y una cámara blanco y negro. Le doy opción al color, pero siempre me quedo con lo analógico y blanco y negro.

Soy de exponer mucho material, porque me conmuevo mucho y a veces puedo llegar a desenfocar, o medir mal la luz. Expongo mucho, y me perdono los errores. Cuanta más tomas hacés hay más posibilidad que encontrar una que esté mejor. El trabajo sobre los desaparecidos lo hice con cámara de 6×7, Nikon N8008, superponía negativos.

¿Qué sensaciones tuviste mientras fotografiabas esos cuerpos?

Trabajo con mi emoción, me conmueve mucho lo que veo mal del mundo, necesito expresarlo y todos los que trabajo que he hecho fue para darle visibilidad, no se pude solucionar todo pero si podes dar una visión, y que algunos pongan el ojo donde nunca lo pusieron, ese es el sentido de mi trabajo. Hay que seguir adelante. Haciendo lo mejor que podamos. Siento que estamos en un gran momento, ojalá que los buenos triunfemos, que la verdad triunfe, que salgamos adelante, como cuando tenía 19 años.

¿Una META?

La meta es la felicidad. Justo la otra vez hablaba en un grupo de fotógrafos sobre la lucha de los pueblos, todo es para conseguir que la gente pueda acceder, no a la felicidad superficial, sino a una felicidad compartida donde hay derechos, donde no haya más chicos revolviendo la basura, que todos tengan acceso a la vivienda, a la educación, salud. La meta es la felicidad conjunta, plena, donde todos los seres puedan disfrutar de la tradición, de la cultura, de la naturaleza, de los pueblos. Del cielo, de los árboles, de un ambiente saludable. Igualdad. Felicidad en comunión con el resto. Hay gente que no le importa el otro y la lucha es permanente, seguiremos adelante. El bienestar social es la felicidad.

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