TEATRO: Crítica de «GRANDE Y PEQUEÑA»

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Por Marcelo Cafferata

Un aire a cuento de hadas y fábulas aparece, tanto directa como indirectamente, en “GRANDE Y PEQUEÑA” la obra de Natasha Ivannova que ya es su sexto trabajo como dramaturga y que se estrena en el Teatro Anfitrión.

Victoria, la protagonista, menciona en forma explícita una fábula de Lafontaine, pero indirectamente tanto la historia como la puesta en escena apuntan a numerosas referencias a los cuentos de hadas clásicos para describir el mundo en el que sus personajes se encuentran inmersos.
Un gran bosque que bien puede ser el de “Blancanieves” o “Caperucita Roja” (que también presenta una suntuosa alegoría en el vestuario), esos caminos para perderse/encontrarse que remiten a “Hansel y Gretel”, la referencia a la cabellera de Victoria como sucede en “Rapunzel” y la inocencia del personaje de Felicitas, atravesando el bosque a las apuradas como si hubiese escapado de “Alicia en el país de las maravillas”, además de una inevitable referencia a “Gulliver” en las cuestiones de un mundo para seres gigantes y su diferencia con el mundo de los seres más pequeños.

Así entonces, Victoria y Felicitas (Natalia Vigon Ruffa y Stefanía Franco Turyk respectivamente) se presentan como personajes completamente antagónicos. Mientras que Victoria se internó en el bosque, alejada de la civilización para armar su vida y creció desmedidamente en su búsqueda de cómo enfrentar al mundo, Felicitas aparece pequeña, temerosa, con sus rasgos más aniñados, pero compartiendo –quizás sin saberlo- el mismo desamparo.

Mientras que Victoria aparenta tener fortaleza y ser grande y poderosa, la coraza que se ha armado para sobrevivir la ha llenado de carencias afectivas, de desolación, ella misma entrampada en su proceso se ha ido empobreciendo al punto tal de haber perdido partes de su cuerpo, hoy adormecidas.
Cuando aparece Felicitas, primero recogiendo manzanas en el bosque y luego pidiendo auxilio por una situación más complicada, despliega esa generosidad en su pequeñez, su alma noble, y a su vez busca refugio en Victoria y va apareciendo, poco a poco, esa necesidad de complementarse.

Natasha Ivannova tiene a su cargo la puesta en escena, la dirección y la dramaturgia de “GRANDE Y PEQUEÑA” y quizás esta visión totalizadora haga posible que el trabajo vibre todo en una misma armonía.
La puesta en escena que ha elegido Ivannova es refinada, exquisita y ayudada por el diseño de vestuario de Mercedes Colombo y la iluminación de Florencia Carboni, el espectador queda impactado desde el ingreso a la sala con la enorme figura de Victoria instalada en el centro de un bosque de manzanas rojas tan minimalista como deslumbrante.

Ivannova también logra muy buenos trabajos con sus dos actrices protagónicas Natalia Vigon Ruffa y Stefanía Franco Turyk, a las que se suma la participación de Ariel Bongioanni como el cazador en una referencia más a los cuentos de hadas que nos contaban desde pequeños.

El texto discurre plácidamente en este tono justo para una historia entre fantástica y mágica y por momentos esa Victoria atrapada en su grandeza, se emparenta con la Winnie de “Los días Felices” de Beckett lo que exige a Vigón Ruffa un esfuerzo adicional en la composición de su personaje, que supera sin ningún escollo.

Sólo resta mencionar que la transición entre los días y sus noches que presenta la dramaturgia, aparece algo reiterativa –a menos que esa haya sido justamente la idea de la autora- pero interrumpe, entrecorta, y no deja que fluya libremente la acción dramática que recién comienza a ganar fuerza, sobre la segunda mitad de la obra.


“GRANDE Y PEQUEÑA” – Lunes a las 21 hs – Teatro Anfitrión – Venezuela 3340, CABA

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