TEATRO: Crítica de "PARAANORMALES"

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Por Sergio Misuraca

Un grupo de padres se reúnen en la casa de la directora del colegio para diseñar la estrategia por la cual le anunciarán a la madre de Franco la decisión de echar a su hijo de la institución por tener síndrome de asperger.

Varios son los aspectos que intenta mostrar esta obra: la discriminación y la intolerancia a la diferencia, la incomprensión, la hipocresía, la falta de empatía de las autoridades, el utilitarismo de las instituciones educativas, la extorsión de los padres y sobre todo que, este tipo de planteos vienen de la mano de los adultos y jamás de los niños. Mientras en las aulas se practican políticas de inclusión, los padres siguen siendo los mismos, repletos de odio, machismo, egoísmo y ambición.

Si a la temática y al argumento de la obra le agregamos el talento de actrices como Paola Barrientos, Marina Bellati y Laura Cymer o de Carlos Portaluppi, y una escenografía de alta calidad diseñada por Rodrigo González Gatrillo, todo pareciera que se trata de un gran producto teatral.

Sin embargo, lamentablemente, no es suficiente contar con buenos actores en el escenario y una brillante idea para que el resultado sea el esperado. Y es que “ Paraanormales” se ha quedado a mitad de camino en relación al tratamiento de la temática y decide contar la historia desde un lugar común, llano, literal en una dinámica de comedia que no termina de definirse entre lo grotesco y lo realista. Por otra parte, el ritmo de la obra no tiene matices. Tiene grandes momentos de humor, en los que brillan Paola Barrientos y de Marina Bellati, una forzada sobreactuación de parte de María Figueras y Gonzalo Suarez, un Portaluppi efectista y el momento dramático a cargo de Laura Cymer, la madre de Franco, que es el único que rompe el clima vertiginoso sin sentido en el que condenaron a una obra que podría haber sido brillante.

Un texto de formato comercial de Matías Del Federico, que desaprovecha los recursos actorales y que parece más un copilado de otras obras de su autoría, o de otras, sin profundidad, sin metáforas, sin tratamiento serio sobre el síndrome de asperger.

Lejos está de la mirada magnánima del “Curioso Incidente del perro a medianoche” que aborda la temática del autismo y del asperger con humor, con profundidad y talento y nos permite entrar a la mente del protagonista, a su mundo y sus dilemas, aportando mucha información sobre el síndrome.
En “Paraanormales” nada de eso sucede. De hecho, promete algo que no puede cumplir. El anuncio la define como “Una comedia que te pone en el lugar del otro”, sin embargo, no es algo que pueda lograr el público, que contempla un griterío tras otro, mucho texto destinado al desvío de la temática, y el recurso trillado de cambio de roles en donde los protagonistas transitan lo mismo en una suerte de conjuro mágico que no se sabe de dónde viene ni a dónde va.

¿Existen padres que no toleran la diferencia o la diversidad? ¿Existen padres que exigen a las instituciones educativas tratamiento “preferencial” para sus hijos”? ¿Existen padres que extorsionan a las instituciones por su poder o dinero? Sí, suceden estas cosas. Y detrás de esos padres hay historias, modelos, dogmas, mandatos que son interesantes de contar. También detrás de estos reclamos hay situaciones, miedos, ignorancia. Y por sobre todas las cosas, hay algo que los identifica, hay sombras que salen a la luz, y otras que se pretenden ocultar. Si algo de todo esto hubiese pasado en “Paraanormales” sin darle al público un texto tan digerido, quizá nos hubiéramos podido interpelar un poco además de pasar el tiempo.

5 de 10

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