CINE: Crítica de «CARTERO»

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Por Lucas Manuel Rodriguez

22 años son nada.

Ciudad de Buenos Aires, año 1997. Hernán (Tomás Raimondi) es un estudiante de Imagen y Sonido -en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU)- que se muda al barrio de Once, bien lejos de su familia rural, y también renuncia a su puesto de trabajo en una administradora privada de jubilaciones para aceptar otro como cartero en el Correo Central. En su nuevo asentamiento laboral solo hay descontento por los despidos encubiertos a los más veteranos y, asesorado por Sánchez (Germán de Silva), su superior, se esforzará por vislumbrar cuáles son los códigos de supuesta fraternidad con los que operan sus compañeros más hostiles a la hora de ganarse la vida, con sueldos cada vez más ajustados y changas que no siempre serán monetarias.

Durante un junket de prensa en la Asociación DAC (Directores Argentinos Cinematográficos), el realizador Emiliano Serra nos confió que ‘Cartero’ opera como una suerte de autobiografía cifrada, comenzando por las simetrías establecidas entre sus primeros años de universitario y los de su protagonista ficticio: ante la ausencia de una industria laboral firme, solo se consigue trabajo en actividades que no guardan ninguna relación con su formación, pero cada tanto se encuentra un instante para visitar una sala de cine. Aun así, es más importante destacar que la película avanza sin enfatizar tales paralelismos –ni dentro de su propia historia, ni en los paratextos de la misma-, en otras palabras, lo que prima en ella son los elementos universales que dialogan con los contextos de crisis económica y desempleos masivos que tienden a manifestarse en determinadas circunstancias de todo país insertado en el sistema capitalista.

El factor atemporal, con respecto a la realidad representada, es otra de las claves que exime a ‘Cartero’ de ser un film únicamente comprensible para quienes vivieron en el lugar y en el momento. Justamente, Tomas Raimondi, quien se considera afortunado por recibir ofertas en el ámbito actoral, señaló que al leer el guión (de Santiago Hadida), y también cuando estaba en el rodaje, sintió que el accionar de la empresa de correos se asemejaba demasiado al de las de hoy, particularmente aquellas que obran mediante las redes sociales para captar usuarios consumidores, pero que en su “ventaja” de ser virtuales soslayan el resguardo de las necesidades básicas de sus empleados.

Otra de las preguntas que le hicimos al equipo fue sobre la ambientación, ya que la ciudad que necesitaba rememorarse unos veinte años en el pasado. Serra fue breve: “mi única regla es que todos los celulares estén apagados”. Esto sumado a que considera a la de Buenos Aires una urbe casi paralizada en lo que respecta a su arquitectura. Y no está solo, al menos desde su visión como cineasta, volvemos así a las respuestas de los realizadores de Iniciales S.G en nuestra entrevista publicada meses atrás -Leer AQUI-. Asimismo, el director vuelve a sostener su pensamiento desde la puesta en escena; en la película predominan planos centrados en personas, no en escenarios, y a la vez hay un eminente manejo de sonidos –de bocinas, bicicletas, motores de autos- para componer tanto a la diégesis como a cada fuera de campo. No solo le escapa, como requisito, a los recursos, compone audiovisualmente la ausencia de ellos, y cada tanto con la compañía de la banda sonora original de Gustavo Santaolalla.

Aclaramos que aunamos nuestra crítica con la conversación entre los involucrados porque consideramos que buena parte de esta trae consigo cuestiones que pueden anticipar asuntos esenciales de la obra. Esto implica detalles en apariencia mínimos, como la participación de figuras públicas muy reconocidas del período en cuestión. Hadida, en respuesta a una de las sospechas del colega Marcelo Cafferata, indicó que en el guión se habían pautado más de las que vimos, pero que por cuestiones más narrativas que rítmicas decidieron revocar algunos pasajes y así impulsar los aspectos concernientes a Hernán, por sobre todo.
Aquí diremos que tenemos algunos reparos con respecto por el modo de entrar y salir de los personajes secundarios en general. De todas formas, Serra y sus compañeros tienen muy claro el rumbo y la coherencia de la trama. Por otra parte repetimos de otro modo, ‘Cartero’ es un film muy prudente, con un nivel de precaución que no limita su carácter crítico y reflexivo sobre la inoperancia administrativa de instituciones legales de tiempos pasados y corrientes.

8 de 10

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