Por Marcelo Cafferata

Sin techo ni ley
Dos hermanos, Ana y Juan, emprenden un viaje: ese viaje que se da frecuentemente, en esa forma nómade de buscar un lugar donde asentarse y poder tener un futuro mejor, en el que se acompañan mutuamente, se contienen, se preservan.

Con esa intención de encontrar sustento y poder establecerse en algún lugar por un tiempo tal que brinde una potencial estabilidad, comienza este nuevo viaje que mostrará “GOLONDRINAS”, la ópera `prima de Mariano Mouriño donde se plantea una problemática vigente: la explotación laboral –sobre todo de los trabajadores agrarios- y lo difícil de sostenerse dentro de un régimen tan irregular en donde la violación al derecho de trabajo suele estar a la orden del día.

Mouriño, a través de una historia particular como la de estos dos hermanos, referirá ineludiblemente a todas las historias que se ven plasmadas en el sufrimiento, en el silencio y en la desesperanza que habita en los rostros de los “trabajadores golondrina”. Relaciones laborales completamente informales, en donde la precariedad invade no solamente el ambiente de trabajo sino también la cotidianeidad de sus vidas personales y hasta su propia intimidad.

El guion, escrito por el propio director, acierta en todos los detalles que se van describiendo, a partir la llegada a este nuevo trabajo: los vínculos que se van entretejiendo entre los propios grupos de trabajadores –los que ya están en el campo verán cómo van acomodándose los recién llegados, hay tensiones y una grieta entre ellos mismos que los confronta fuertemente-. Pero también describe, fundamentalmente, la relación tan particular que se forma entre los empleados y el empleador, que en ese contexto, suele confundirse (casi) con una posesión, donde el trabajador más que un recurso humano para a ser un objeto de explotación.

Si bien “GOLONDRINAS” plantea un determinado tiempo y espacio –podemos con algunos datos presumir que se trata de campos en el Litoral durante la década del ’90- sabemos que esta temática ya ha atravesado diferentes etapas de nuestro país (inclusive de plena actualidad) y que las reiteradas crisis económicas han afectado a estos trabajadores, absolutamente vulnerables, que en todos los casos, han debido aceptar condiciones de trabajo por fuera de toda ley para poder acceder a un plato de comida.  

Más allá de lo descriptivo y lo previsible, Mouriño apunta a mostrar cómo se van entramando los vínculos entre los personajes, sobre todo cómo van actuando los dos hermanos frente a la presencia del patrón de la estancia (un excelente trabajo de Germán Palacios) que se constituye en el factor que aparecerá, justamente, para desestabilizar ese lazo filial.

Mientras que la presencia femenina de Ana atrae fuertemente a su patrón, ese vínculo más íntimo, más cercano, coloca en un lugar diferente a los recién llegados. Ana coquetea con una idea de poder, de privilegio sabiendo que, indirectamente, su hermano es visto con otros ojos por Edgardo, el patrón, y que ambos quedarán posicionados de una forma completamente diferente frente al resto de los trabajadores.

El guion se apoya justamente en esas redes vinculares, en los límites que los personajes eligen traspasar, en donde la historia va ganando en tensión y en efectividad. De esta forma, Mouriño escapa completamente a poner en centro en las postergaciones y necesidades de los trabajadores –como se ha hecho en trabajos anteriores frente a la misma temática- sino que toma esto como base, y elige develar ciertos mínimos y sutiles mecanismos de poder, de sumisión, de seguridad y de estrategia que cada uno de los componentes de este triángulo despliegan para jugar su propio juego.

El planteo además no cae en ninguna de las previsibilidades que podrían esperarse de un relato dentro de este estilo y se separa de todos los lugares comunes para plantear una mirada realista que termina de profundizar en los sueños, los sentimientos y en el anhelo de estos trabajadores de encontrar finalmente un espacio de trabajo que otorgue una seguridad económica y vital, y lo hace de modo tal de no cargarlo ni de ideología ni de una mirada panfletaria.

“GOLONDRINAS” acierta al trabajar sobre la idea de viaje, del encuentro de una nueva posibilidad de establecerse, la que al mismo tiempo signifique en muy corto plazo, iniciar un nuevo vuelo, emigrando hacia búsqueda de otro lugar, otro sueño, una nueva esperanza.

7 de 10

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