CINE: Crítica de “La Gran Aventura LEGO 2”

Por Guido Rusconi


En el año 2014, La gran aventura Lego fue una de las sorpresas más gratas del cine de animación -del occidental al menos- de esa temporada, ya que poco y nada se esperaba de una película que parecía otra excusa para vender juguetes por parte de una de las empresas más importantes de la industria del entretenimiento infantil. Lo que obtuvimos fue una obra dinámica, divertida y que podía ser disfrutada por gente de todas las edades, que fue un éxito de crítica y taquilla, aunque las principales entregas de premios la hayan ignorado (no fue ni siquiera nominada al Oscar a Mejor Película Animada). En 2019 llegó la difícil tarea de dar una continuación que estuviera a la altura de la original, y si bien esta secuela no tiene ese factor sorpresa, los resultados no decepcionan.

En esta entrega no se repite la dupla de directores de La gran aventura Lego, formada por Phil Lord y Christopher Miller, siendo Mike Mitchell el encargado de tomar el mando. Por fortuna, tanto Lord como Miller ofician de productores y guionistas, por lo que la esencia de este universo cinematográfico que ya suma cuatro películas (con The Lego Batman Movie y The Lego Ninjago Movie) está lejos de ser perdida. Aquí nos encontramos nuevamente con Emmet, el simpatíquisimo y muy mundano protagonista de la saga, que se caracteriza por ser la personificación del statu quo de su mundo de ladrillos. Así como en nuestra realidad, en el universo Lego también han transcurrido cinco años desde la última aventura, pero el panorama es muy distinto al que se nos presentaba en la primera parte, ya que tanto Emmet como Lucy y el resto de sus amigos se hallan inmersos en una realidad posapocalíptica que homenajea de una manera bastante evidente a Mad Max: Fury Road, en la cual todos se han endurecido excepto él, que continúa cantando con júbilo el hit “Everything is awesome”.Las cosas se pondrán incluso peor cuando seres provenientes del sistema “Hermanya” (Sistar en inglés) secuestren a los amigos de Emmet, provocando que él tenga que salir de su zona de confort de ser un bonachón que encaja perfectamente en el sistema y explorar su lado más salvaje.

Obviamente, si hablamos de una película animada, debe analizarse de qué manera está animada, y a pesar de ser una producción con un presupuesto millonario, no deja de sorprender lo fluida que se ve. En ningún momento resulta avasalladora ni confusa, tomando en cuenta que las figuras y personajes que fabrica Lego son considerablemente más angulosos y cúbicos que los de una película 3D normal. El entretenimiento, tal como en la entrega anterior, solo merma en momentos puntuales donde la trama exige que se disminuya el frenesí, como en aquellos en los que los protagonistas creen que está todo perdido (algo muy común en este tipo de producciones).

Otro de los pilares sobre los que se sostiene el éxito del universo Lego es el humor. La tendencia de las últimas dos décadas en el cine de animación, al ser a menudo confundido con una forma de hacer películas destinada a un público infantil, es incluir ciertos gags y guiños que apuntan más al espectador joven-adulto, ya sea porque abordan temáticas que requieren mayor maduración o porque hacen referencia a aspectos de la cultura pertenecientes a otra generación. En este aspecto, La gran aventura Lego 2 llega a buen puerto, dado que hay críticas disfrazadas de humor para todos los gustos. Los grandes monstruos del mundo cinematográfico como Disney, Marvel o DC Comics, reciben golpes con mucha altura por parte de una empresa que también es consciente que en parte su película es un vehículo más para engrosar sus ventas. El personaje de Lucy particularmente dispone de un arco argumental interesante, en el que comenta sobre el cinismo y la pérdida del mismo de cara a los eventos que se van desarrollando en pantalla. Vista hasta ahora como una persona recia, valiente, y desafiante (un tropo que busca antagonizar con la típica damisela en apuros), en esta segunda parte veremos un costado más vulnerable, subvirtiendo las expectativas que habían sido previamente puestas patas arriba en la primera parte.

La estructura del guión, por otro lado, no sorprende y repite muchos lugares comunes propios de su predecesora y de las películas animadas, aunque eso no es tanto una falla sino quizás una falta de ambición que podría haber llevado a la saga a otros horizontes. Como la primera película de Lego funcionó mucho más allá de las expectativas de cualquiera, es entendible que productores y escritores hayan optado por repetir su éxito. En una era en el que el cine de animación occidental se ve dominado por la dicotomía Disney-Pixar, irrupciones como La gran aventura Lego son una lavada de cara a una industria que a veces se siente que ha empezado a entrar en la curva descendiente, abundando en secuelas poco inspiradas que llegan demasiado tarde e historias que ya han sido contadas muchas veces. Es por eso que el universo animado de Lego está en un momento bisagra en el que tiene varios caminos a seguir, y solo queda esperar que elijan aquel que demuestre que esta franquicia es más que personajes coloridos, guiños a la cultura pop y canciones muy, pero muy pegajosas.

7 de 10

Autor entrada: Revista Meta

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