CINE: Crítica de “Todo el año es Navidad”


Por Guido Rusconi


Llegan las fiestas y si hay algo que nos ha enseñado el cine (en especial Hollywood) es que es una época llena de magia y alegría. Pero claro, no vivimos en Hollywood y hace tiempo que la Navidad y todo lo que la rodea pasó a ser patrimonio exclusivo del capitalismo y el consumo en exceso. Y si hay alguien -o algo- que representa de manera icónica este espíritu que se repite cada diciembre es la figura de Papá Noel, ese viejo panzón que vive en el Polo Norte y reparte regalos alrededor del mundo una noche al año, compuesto como un monstruo de Frankenstein con partes de mitología cristiana y publicidades de Coca-Cola.

Néstor Frenkel ofrece un ángulo poco explorado al retratar en su documental Todo el año es Navidad qué hay detrás de aquellas personas que personifican al mítico personaje. En poco más de una hora, se van sucediendo entrevistas a diversas personas que por lo general tienen un physique du role que se acerca mucho al de San Nicolás en el imaginario popular. Son hombres de unos sesenta años o más, que a veces portan grandes barrigas y, a excepción de un solo caso, sus tupidas barbas blancas son las que le dan la oportunidad de calzarse un traje rojo y llevar alegría a niños de distintos barrios y ciudades argentinas.

A esta altura no es necesario señalar la ironía de que estas personas tengan que vestirse como si vivieran en el Polo Norte cuando en esta parte del continente americano las temperaturas pueden llegar a los 35 grados para la época en la que trabajan de esto. Pero a menudo se reitera la frase “hay que mantener la tradición”, y la tradición consiste en mantener la ilusión de miles de chicos de que ese que van a visitar es el verdadero y único Papá Noel y no un impostor, por lo que una parte esencial del oficio es mantener el verosímil.

Cabe aclarar, por otro lado, que por ser un tópico poco explorado en el género documental (al menos en el cine nacional), no tiene que ser necesariamente estudiado en demasía, y es en esto en lo que principalmente la película de Frenkel falla. De haber sido presentada en formato de cortometraje hubiese tenido un mayor impacto y quizás una mejor recepción. Incluso con 70 minutos de duración, Todo el año es Navidad se hace inevitablemente larga, como una cena navideña de la cual se quiere escapar lo más pronto. Los entrevistados son varios, hay unos diez o doce testimonios, entre los cuales hay algunos no tan interesantes que podrían haber sido quitados del corte final. ¿Cuánto se puede hablar acaso de la experiencia de ser Papá Noel un mes al año? En un punto las entrevistas viran más hacia las vidas personales de estos Santas y a qué se dedican los otros once meses, corriendo un poco el eje del documental. Desafortunadamente esto resulta en que sea un producto algo repetitivo y que termina produciendo menos interés del que en un principio construye eficazmente.

Tampoco queda del todo claro cuál es el approach que hace el cineasta (quien además de dirigir, escribió y editó la película) sobre las personas que entrevista, si acaso se aproxima a ellas con genuino interés por cómo son sus vidas o si se coloca en los delgados límites entre la ironía, la burla y el asombro, como lo hacen Mariano Cohn y Gastón Duprat en su documental Todo sobre el asado, donde por momentos parecen mofarse de sus entrevistados. Este interrogante surge de algunos ejemplos en los que Frenkel se encuentra con personajes realmente quijotescos (en el sentido más literal de la palabra) que ya por fuera del papel de Papá Noel son seres ideológicamente cuestionables, por utilizar un eufemismo.

Alejado entonces del cinismo que rodea a estas fechas gracias a su costado más comercial, Todo el año es Navidad se centra en los aspectos más mágicos de las fiestas y llama a que como adultos miremos el mundo con ojos de niño al menos unos días al año. Con algunos momentos divertidos y otros un tanto confusos, este documental es ideal para aquellas personas que conservan todavía un poco de inocencia y creen que un señor vestido de rojo puede traer felicidad a propios y extraños.

6 de 10


Autor entrada: Revista Meta

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