El FMI va a salvar el mundo: 20° aniversario de «MISIÓN: IMPOSIBLE II»

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El último gran héroe

Por Lucas Manuel Rodriguez

Era el año 1998, cuando Tom Cruise invitó al hongkonés John Woo a sumarse en una reunión familiar en Londres. El actor y el director ya se conocían, Cruise lo había elogiado por su trabajo en ‘Contracara’ (‘Face/Off’) y juntos formaron parte de un proyecto frustrado titulado ‘El soldado del diablo´ (‘The devil’s soldier’). Ambos sabían que era hora de ajustar cuentas con sus intereses mutuos, en los albores del tercer milenio. La misión, si Woo decidía aceptarla, era tomar todas las responsabilidades necesarias en el rol de director para la primera secuela de ‘Misión: Imposible’, el –para ese entonces- más reciente fenómeno mundial protagonizado por su colega, inspirado en la serie televisiva creada por Bruce Geller.

En un comienzo, Woo se sintió abrumado con la propuesta de Cruise. Como admirador de Alfred Hitchcock, consideraba que Brian De Palma aportó un manejo extraordinario del suspenso para cada secuencia correspondiente y querer equipararse a su estilo sería un despropósito absoluto. Ante esto, su amigo Tom, quien a la vez es el co-productor de la saga, le aclaró que con Paula Wagner -la otra co-productora, hasta la tercera entrega inclusive- tenía la ambición de contar con un nuevo director para cada secuela y que las mismas se adaptaran a las personalidades particulares de cada uno. Esto fue un alivio para el director en cuestión, pero sugirió que ‘Misión: Imposible II’ se alejara de sus películas previas en los siguientes aspectos: aplicar efectos especiales combinados con escenas de acción únicamente si el argumento no pudiera avanzar de otra forma, esto es recordando que Ethan Hunt no dispara armas en la primera película, a pesar de portarlas; que fuera lo más humana posible, ya que al final del día las pasiones tendrían más peso que las obligaciones; y muy dramática, porque John Woo contaba con ‘Tuyo es mi corazón’ (‘Notorious’) como referente muy claro para llevar a cabo un film de espías, uno en el que el destino del mundo se ve azotado por un riesgo silencioso de consecuencias desproporcionadas, mientras que en el centro de las inminentes catástrofes hay un triángulo amoroso por resolver.

Claro que el siguiente paso, supuestamente el primero al comienzo de toda pre-producción de Hollywood, fue la escritura del guión. Para esto, la dupla productora recuperó a uno de los escritores del film predecesor: Robert Towne. Según cuenta el director en su audiocomentario de DVD y Bluray, lo primero que hicieron fue elaborar por guiones gráficos (storyboards) todas las escenas de acción y determinar en qué momentos de la trama encajaban. Esta es una técnica de rodaje que antes le había resultado muy económica a directores como Steven Spielberg (exclusivamente por ‘Los Cazadores del Arca Perdida’) y Martin Campbell (‘GoldenEye’), la misma que George Miller elevaría a su máxima expresión en esa obra magna estrenada en 2015.

John Woo quiso explotar su licencia de distanciarse de la película anterior en todas las formas que pudiera. El diseñador de producción que contrataron fue Thomas E. Sanders, quien venía de ser nominado en los Oscars por su labor en ‘Rescatando al soldado Ryan’. Esto podría haber obstaculizado la meta de Woo, puesto que el acabado visual de dicho film es muy cercano a la frialdad escenográfica del anterior trabajo de De Palma. El cual tuvo en cuenta la estética de las respectivas primeras entregas de Timothy Dalton y Pierce Brosnan en la piel de James Bond, siendo que ambas son herederas de ese ícono de la Guerra Fría dirigido por Carol Reed, ‘El Tercer Hombre’. Sin embargo, contra toda especulación banal, Sanders comprendió las obsesiones de su director y en ‘Misión: Imposible II’ prima el trío cálido de naranja, rojo y verde, acompañado por una iluminación esencialmente natural de la mano de Jeffrey L. Kimball.

No podía faltar un alejamiento en las claves melómanas. Hans Zimmer también venía de colaborar en un film bélico (‘La delgada línea roja’) y junto a la vocalista Lisa Gerrard operaron -más que nada- en el costado melodramático de la banda sonora. Lo que salta al oído es que esta secuela apostó más al heavy metal y el rock, con una canción publicitaria de Metallica (‘I Disappear’), y la versión Limp Bizkit del clásico tema compuesto por el argento-norteamericano Lalo Schifrin.

Sobre el elenco, Tom Cruise y Ving Rhames (Luther Stickell, amigo y compañero eterno de Ethan Hunt) son los únicos que retomaron sus papeles correspondientes, por lo que esta secuela marcó la pauta de cambiar el rostro de los jefes, los villanos y los (posibles) intereses amorosos. En este caso, primaron los talentos europeos. La primera casteada fue Thandie Newton, recomendada por Nicole Kidman (para entonces, esposa de Cruise), como Nyah Nordoff-Hall, una ladrona profesional; El rival de turno es otro agente de la FMI (Fuerza de Misión Imposible), Sean Ambrose, interpretado por Dougray Scott, quien fuera secuestrado “a la brevedad” (digamos) de la producción de ‘X-Men’ y, eventualmente, no pudiera retomar las garras de adamantio a causa de un accidente moto-ciclístico en el set de esta película; Para el  Comandante Swanbeck la máxima aspiración de los productores era contar con Ian McKellen, pero el shakesperiano tuvo que declinar por compromisos con los mutantes de Fox/Marvel y el teatro, así, en plena filmación y al borde de un ataque de nervios, a Paula Wagner se le ofreció el mismísimo Anthony Hopkins, no sin antes destacarse como fan declarado del cine de acción, y John Woo, y presentarse ante todos en el set con la expresión: “no me digan ‘Sir’, llámenme ‘Tony’”.

¿Cómo resultó ‘Misión: Imposible II’? Bueno, comercialmente fue la película más vista en cines de su año (2000). En ese sentido –y si descontamos el caso de ‘Bad Boys para siempre’ en el nefasto 2020-, es la última en su clase, la última vez que un film autoproclamado en materia acción reinó las taquillas anuales. Fue la que protagonizó la cresta de la ola, justo antes de que las monedas corrientes fueran las de animación, las basadas en personajes de comics, las sucesoras directas del fantasy y sus derivados en ciencia ficción.

¿Qué cómo la recibieron los fans? En principio era demasiado pronto para identificar un fandom de la saga. Sí había una suerte de “Tommanía” que la primera ‘Misión…’ recuperó del fenómeno ‘Top Gun’. En sus inicios, las películas aparecían muy paulatinamente y se gozaba de curiosidades bobas y simpáticas, como los cortes de pelo de Tom Cruise: hasta la cuarta (‘Protocolo Fantasma’), en las entregas pares eran largos y en las impares eran cortos, hasta que llegó Christopher McQuarrie y el cabello de Tom no volvió a ser el mismo (ni muy largo, ni muy corto).

Trivialidades aparte, la película de Woo suele ser señalada como la oveja negra de la franquicia cinematográfica, de manera tal que parecería ser la menos consultada. Su espacio más común es la etiqueta de “film polar”; o se ama, o se odia. La mayor queja radica en el tono en la clave melodramática: la lascivia de Ambrose con Nyah y la frivolidad con la que Swanbeck le da la directiva a Ethan para que eso pase son, con frecuencia, criticados como la peor cara del “hardboiled” tan explorado por Woo. A esto sumemos el afán del director por componer con planos repetidos desde distintos ángulos, y rodar, tanto la acción como el drama, con 120 fotogramas por segundo (produciendo efectos de cámara lenta). La actuación de Thandie Newton es otro de los aspectos defenestrados por diversos públicos… por nuestra parte, anhelamos que, con futuros repasos, y considerando el transcurrir de su carrera –particularmente, su desempeño en la serie ‘Westworld’-, por lo menos se la mire con más cariño y -¿Quién sabe?- quizás podríamos esperar el regreso de su personaje en la séptima y octava, las que por el ahora son conocidas como las últimas que protagonizará Tom Cruise.

‘Misión: Imposible II’ es lo más cercano a una antología dentro de la serie. Pueden tener los conflictos que quieran con ella, pueden olvidarla, si quieren, pero con el tiempo se convirtió en un film que no nos somete al compromiso del recuerdo. Por otro lado, está repleta de gestos que engrandecen la mitología de sus compañeras. Y no, no hablamos del trasfondo griego del virus Quimera y el antivirus Belerofonte. Esta segunda parte tropieza con repeticiones sobre la explicación de dicho mito (o mitologema), que poco ayudan al progreso de las acciones de los personajes. Todo para pautar un mensaje unidireccional, basado en que Ethan Hunt es Belerofonte y Sean Ambrose es Quimera, y así el ser suplanta las representaciones. A su vez, hay un elemento que podría haber trascendido y no termina de ponerse en escena, un apartado artístico, al que poco le faltó para reducirse en un decorado. Dijimos que el diseño de producción oscila entre los colores naranja, rojo y verde en búsqueda de calidez: el rojo representa y es, literalmente, el color del virus (Quimera/Sean); el verde, el del antídoto (Belerofonte/Ethan); el naranja es por el fuego, no solo de las explosiones, sino también el que se aplica para deshacerse de las muestras bacteriológicas, como bien le explica Tom Cruise a Anthony Hopkins al final; pero todo esto está más cerca de jugar con la clave de “Easter Egg”, que con trascendencias simbólicas, aun así, no deja de tener su gracia.

Hay un uso particular con las máscaras de espías y la de Ethan es usada tres veces, pero no ahondaremos en esto (hoy no). Basta con aplaudir la tercera vez que se usa -en uno de las escenas más “tribuneras” de la carrera del actor- y que la presentación de Ethan Hunt en su segunda película se inspira en la de James Bond en su (también) segundo episodio: en la primera escena de ‘De Rusia con amor’ aparece Sean Connery, pero no es Bond; lo mismo con esta ‘Misión…’, aparece Tom al principio, pero no es Ethan.

En cuanto al proceder de la acción, hay registros de producción en los cuales los mismos coordinadores de riesgo admiten que la primera vez que les comentaron los detalles de ciertas acrobacias consideraron que eran ideas tontas, pero con el correr de los días de rodaje se terminaron enamorando de la originalidad de las mismas. Incluso hay una parodia interna, con la firma de MTV, ‘Misión: Improbable’, protagonizada por Ben Stiller como el doble “Tom Crooze”, quien es despedido por Woo al recomendarle que Ethan mire a la cámara, cuando tanto él como Sean saltan de sus motos para atraparse en el aire, y le diga a los espectadores: “Esta misión acaba de volverse aún más imposible”.

Pueden detestarla, pueden decir que es risible, pueden “sacarla del canon”, pero, no lo olviden, John Woo rompió la lanza: aumentó la filmación en locaciones en beneficio de las acrobacias “cruisianas”, nos trajo los tiroteos, nos trajo las guerras bacteriológicas (la extorsión de Ambrose a Biocyte Pharmaceuticals y su amenaza de empezar una pandemia, con la aplicación de Quimera en Australia, son los puntos argumentales que más se citan en estos tiempos de Covid-19) y nos confirmó la lealtad Luther hacia Ethan, convirtiéndolo en el invitado perpetuo de sus locas aventuras.

*Permitida la reproducción total o parcial del contenido citando la fuente. ©RevistaMeta2020


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