El periodista en su laberinto J. TIMERMAN

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Corren los años ’70 en la Argentina.

Jacobo Timerman, periodista director del diario “La Opinión” en esos tiempos políticos realmente convulsionados, se convierte en la figura sobre la que gira el último trabajo de Eva Halac, “J. TIMERMAN”, que no se presenta en el formato de una biografía convencional, sino que el hecho de poder revisar su figura, su trayectoria, su peso, su influencia permite volver sobre el análisis de ese contexto puntual que se vivía en Octubre de 1971.

Como para poder tener claras las variables que se entremezclan en ese preciso momento tenemos, por un lado, fechas tan importantes como el cumpleaños del General Perón, levantamientos militares, guerrilla urbana y el cuarto aniversario del asesinato del Che –que también se señala en la obra- y por el otro, el casamiento de la hija del General Lanusse con un cantante popular folklórico como Roberto Rimoldi Fragra, en plena Quinta de Olivos, que se constituyó en un hecho mediático de gran peso para aquel momento.

Siempre son dos” es la frase favorita de Jacobo Timerman en su despótica figura de editor de un nuevo medio de comunicación, un legado que intenta transmitirle al joven periodista que se está formando en su diario.

Aún con sus particulares contradicciones “La Opinión” ha sido un diario que se convirtió en un ícono por haber sido un producto combativo, de izquierda, que buscaba en cierto modo movilizar el pensamiento de las masas, pero que al mismo tiempo intentaba imponerse como un producto reflexivo y distante de los otros medios, con la particularidad de que no tenía fotos / ilustraciones y que tampoco se hablaba de fútbol, un producto distinto e innovador, con una mirada completamente diferente que al mismo tiempo que pretendía dar un mensaje social popular, se alejaba con la misma fuerza de ese pueblo al que refería , con un producto que prácticamente no empatizaba con esa clase.

Así, teniendo en cuenta la dualidad y las contradicciones, la obra de Eva Halac también se construye sobre dos mundos: que se repelen y se atraen, que parecen contrapuestos pero en el fondo buscan complementarse, dos esquemas tan en las antípodas como parecieran ser el de Timerman con el del presidente de facto Alejandro Agustín Lanusse.

Desde la escenografía y el concepto de la puesta en escena, en “J. TIMERMAN” los personajes se pasean sobre un camino formado por vallas se seguridad blancas y rojas con cintas de peligro. Ese peligro latente y muy presente -atravesando toda la obra- se refuerza con la idea de compartir y entremezclar en el mismo espacio escénico, estos dos mundos que se suponen tan dicotómicos pero a los que se les encuentra puntos en común y una vinculación mucho más estrecha de lo que aparece en la superficie.

Siempre son dos: civiles y militares, como tantas polaridades propias de nuestra idiosincrasia y nuestra historia, finalmente verán que se necesitan entre ellos y Presidente y Editor se rendirán a las negociaciones para frenar el caos y sostener su cuota de poder. Lanusse se encontraba “soñando” con poder imponerse en unas próximas elecciones –bajo el fantasma de Perón y su regreso del exilio en España- y Timerman queriendo pertenecer, aún traicionando sus ideales, a los círculos de poder de ese momento y acceder a la tan ansiada pauta oficial para poder mantener su proyecto.

Halac trabaja desde un fuerte conocimiento de la figura de Timerman: su padre, justamente, había formado parte de la redacción de “La Opinión” en el suplemento cultural y ha sido el ambiente que ella ha respirado en su infancia e intenta exitosamente, pintar con algunos trazos a un personaje interesante, innovador, polémico, arriesgado, narcisista y despótico, con todas esas características puestas en juego al mismo tiempo.

Siempre son dos: Timerman y Sorel (único personaje completamente de ficción en la obra, el periodista joven que intenta formarse bajo la icónica figura de su jefe) por un lado, Lanusse y Bustamante, por el otro. Siempre son dos, y Eva Halac trabaja minuciosamente ese concepto en su cuidada puesta, en donde también fusiona esos dos mundos, reordenando las piezas y logrando nuevas alianzas en escena.

La puesta de Halac para “J. TIMERMAN” cuenta con un elenco sin desniveles, un compacto equipo en donde se destacan las actuaciones de Juan Pablo Galimberti como Sorel, Carlos Scornik como Bustamante y Leonardo Murúa en el papel de Rotemberg, contador y mano derecha de Timerman.

Pero a pesar de la solidez del elenco, la mirada queda completamente capturada y no puede apartarse del magnetismo que Guillermo Aragonés impone en la piel de un Timerman intelectualmente brillante, empresarialmente despótico y visionario, que con su gran composición hace que su figura mítica se haga presente en el escenario y un fragmento de nuestra historia reciente se despliegue ante nuestros ojos en la sala de Timbre4.

J.TIMERMAN

Dramaturgia y dirección: Eva Halac

Iluminación: Miguel Solowej

Escenografía y Vestuario: Micaela Sleigh

Música: Gustavo Garcia Medy

Timbre 4 – México 3554 – Jueves 21 hs

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