TEATRO: Crítica de "Como si pasara un tren"

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Por Marcelo Cafferata

Ese tren llamado deseo

COMO SI PASARA UN TREN
Dramaturgia y dirección Lorena Romanin

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Una excelente propuesta para la cartelera teatral de verano en Buenos Aires, es rescatar un interesante puñado de obras del “off” y trasladar su puesta a la calle Corrientes. Es así que probados éxitos y notables trabajos del circuito alternativo, tendrán la posibilidad de mostrarse en el Metropolitan Sura y en el Teatro El Picadero.

Así podremos ver “Delia” (ver reseña AQUÍ), “Así de simple” (ver reseña AQUÍ), el musical “Canibal” (ver reseña AQUÍ), “Ojala las paredes gritaran” (ver reseña AQUÍ), el excelente trabajo de Lorena Vega en “Yo, Encarnación Ezcurra” o, entre otros, los probados éxitos de El Camarín de las Musas “La Sala Roja”, “La Pilarcita” y “Como si pasara un tren”.

COMO SI PASARA UN TREN” cuenta la historia de una maestra de pueblo, Susana, que vive pendiente de su hijo Juan Ignacio, un joven de unos 25 años que sufre un retraso madurativo.

Justificadamente o no, guiada por sus miedos pero también por sus buenos deseos, digita cada suceso de la vida de Juan Ignacio, es amorosamente posesiva, controladora, vigilante de ese pequeño universo que es el hogar que pudo construir a solas con él –marcándose la ausencia de un padre que eligió desaparecer sin hacerse cargo de la situación- y que es su mayor orgullo y su refugio afectivo.

La llegada al pueblo de Valeria, la sobrina de Susana que, castigada por su madre por encontrarle un cigarrillo de marihuana, la manda al campo en parte como un castigo y en parte como un proceso de desintoxicación exageradamente innecesario, es quien viene a poner en crisis todo el sistema familiar.

Valeria está enojada porque fue confinada a ese pueblo que pareciera estar quedado en el tiempo, en donde no hay wi-fi en las casas (tendrá que ir al locutorio para bajar los mails) y se sufre la mala señal del teléfono, que la dejan prácticamente incomunicada, sumado a que por esta intempestiva decisión de la madre puede perder todo un cuatrimestre en la Facultad.

Pero rápidamente esa bocanada de aire fresco que viene del exterior hará que el vínculo entre primos –una mezcla de complicidad, juego de diferencias y un toque de amor platónico no correspondido- dinamite toda la estructura anterior, poniendo en primer plano los deseos de Juan Ignacio por sobre cualquier otra cosa.

Valeria se empeñará en ayudar a que Juan Ignacio alcance sus sueños, aun sabiendo que existen riesgos, mostrando una actitud entre rebelde, algo inconsciente pero sumamente liberadora.

La dramaturgia de Lorena Romanin (tal como sucede también en su segundo trabajo “Todo lo posible”) apela a la fuerza de lo simple.

Todo lo que sucede en “COMO SI PASARA UN TREN” tiene la potencia de lo verosímil, de estar allí sumergidos en el living de esa casa de pueblo que no es más que el living de cualquiera de nuestras casas.

Sus textos trabajan un tono que entremezcla, con un lenguaje inconfundiblemente nuestro, algunos esbozos de “El Zoo de Cristal” de Tennessee Williams con “Mi hijo sólo camina un poco más lento” del croata Ivor Martinic, y gana cuando imprime variaciones y diferencias que enriquecen la dramaturgia y que la posicionan alejada de cualquier connotación que ligue a sus personajes con la tragedia.

Romanin, por el contrario, trabaja con una mirada amorosa sobre ellos, con la posibilidad de ofrecerles una salida, de que puedan emprender un nuevo viaje –con ese tren como metáfora de la salida al mundo-, de que no hay mayores peligros que lo que implica vivir cada día fiel a los principios de cada uno, y de tomar riesgos en cada aventura.

COMO SI PASARA UN TREN” no podría ser tan efectiva sin la pluma de Romanin pero tampoco sin el brillante terceto protagónico que se apodera de cada uno de sus personajes y plantea una entrega total.

Luciana Grasso, como Valeria, tiene la difícil tarea de desequilibrar el orden familiar sin estridencias, simplemente con su presencia y su energía, y lo hace en la dosis justa para que su criatura sea querible y creíble al mismo tiempo.

Guido Botto Fiora (ganador del premio Hugo con “Huesito Caracú” de Hugo Midón) construye un Juan Ignacio que le permite no solamente un trabajo corporal sumamente destacable sino que encuentra rápidamente la conexión necesaria con el alma de su personaje y genera esa empatía necesaria para que el público comience a sentir sus deseos, su necesidad de crecer y desplegar sus alas y de dar ese salto tan necesario.

Para cerrar el trío, el trabajo de Silvia Villazur como Susana es un huracán en el escenario. Tiene un histrionismo y un carisma que gana al público desde la primera escena y se adueña del humor que atraviesa la obra, de una forma arrolladora.

Su actuación puede hacernos reír a carcajadas, desgranar esos pensamientos “de madre” donde más de uno se sentirá plenamente identificado y conmovernos al mismo tiempo con sólo un imperceptible cambio de registro.

Villazur sin subrayados ni dramatismos, presenta esa madre quebrada por el miedo de que su hijo vuelve de ese nido de seguridad que ella intenta construirle cada día, temerosa de un futuro incierto y todavía atrapada por el dolor de un pasado al que ella intenta sobreponerse en cada acto.

Ese viaje en tren, ese salir al mundo, redefinirá casi sin querer, cada una de sus vidas y genera esa mirada esperanzadora, tan necesaria para los tiempos que corren.


COMO SI PASARA UN TREN – Teatro Picadero / Enrique Santos Discépolo 1857 CABA – Sábados a las 22:00 hs.

2 Comentarios

  1. Siempre lo mismo en Argentina, siempre las mismas obras de teatro. Esperemos se renueve la cartelera. Y que el teatro under tenga más fuerza y presupuesto.

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